La Existencia de Dios

Publicado: abril 17, 2012 en Palabra De Animo
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¿Te has levantado, últimamente?

Esta es una historia verdadera de algo que sucedió hace unos pocos años en USC [University of Southern California].

Hubo un profesor de filosofía que era un ateo profundamente comprometido. Su objetivo principal, de una clase requerida, fue pasar el semestre entero intentando demostrar que Dios no existe. Sus estudiantes siempre tuvieron miedo de discutir con él debido a su lógica impecable. Por veinte años, había enseñado esta clase y nunca nadie había tenido el coraje de ir contra él. Seguro, algunos habían argumentado en clase, a veces, pero nadie nunca realmente había ido contra él (verá a lo que me refiero, más adelante). Nadie iría contra él, debido a su reputación.

Al final de cada semestre, en el último día, él diría a su clase de 300 estudiantes, “si hay alguien que todavía cree en Jesús, póngase de pie!” En veinte años, nunca nadie se levantó. Ellos sabían lo que iba a hacer a continuación. Diría, “porque cualquiera que cree en Dios es un tonto. Si Dios existiera, él podría detener este pedazo de tiza de caer, golpear el suelo y romperse. Es una tarea sencilla para que demuestre que es Dios y él, aún, no puede hacerlo.” Cada año, él dejaba caer la tiza en el piso, de mosaico, del aula y se dispersaba en cien pedazos. Ninguno de los estudiantes podía hacer nada, sino detenerse y mirar. La mayoría de ellos fueron convencidos de que Dios no podía existir. Ciertamente, un número de cristianos había pasado este clase, pero por 20 años, habían estado demasiado asustados para levantarse.

Bueno, hace unos años hubo un novato que se inscribió en la clase. Era cristiano y había escuchado las historias acerca de este profesor. Tuvo que tomar la clase porque era una de las clases requeridas por su director.

Y tenía miedo. Pero por 3 meses, ese semestre, él oró cada mañana para tener el coraje de levantarse sin importar lo que el profesor dijera o lo que pensara la clase. Él esperaba que nada de lo que dijeran o hicieran pudiera, jamás, destrozar su fe. Finalmente el día llegó. El profesor dijo, “Si hay alguien que todavía cree en Dios, póngase de pie!” El profesor y la clase de 300 personas miraron sorprendidos como se levantaba en la parte trasera del aula. El profesor gritó, “Tú, tonto!

Si Dios existiera, él podría detener este pedazo de tiza de romperse cuando golpee el suelo!” Procedió a soltar la tiza, pero al hacerlo, resbaló de sus dedos, al puño de su camisa, hacia los pliegues de su pantalón, bajando su pierna a su zapato. Como al tocar el suelo, simplemente rodó, quedó intacta. La mandíbula del profesor cayó mientras miraba la tiza. Miró al joven y luego se retiró de la sala de conferencias. El joven, que se había levantado, procedió a caminar al frente de la sala y compartió de su fe en Jesús por la próxima media hora. 300 estudiantes se quedaron y escucharon como éste les contaba del amor de Dios por ellos y de su poder a través de Jesús.

“Sin embargo a todos los que lo recibieron, a quienes creyeron en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios, nacido no de descendencia natural, ni de decisión humana o de voluntad de un marido, sino hijos de Dios”.

“Pero él conoce mi camino. Cuando él me ha probado, saldré como el oro.” Job 23:10

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