La Historia de Alila

Publicado: abril 17, 2012 en Palabra De Animo
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Estaba leyendo la historia sobre una joven madre en la India. Alila se encontraba en la playa sosteniendo a su pequeño hijo cerca de su corazón. Lágrimas fluían de sus ojos, cuando ella comenzó a caminar lentamente hacia el borde del río. Ella entró en el agua y siguió caminando silenciosamente hasta que ésta le rodeó la cintura y mojó suavemente los pies del bebé dormido. Estuvo así por un largo tiempo, sosteniendo al niño fuertemente contra ella, mientras miraba hacia otro lado del río. Entonces de repente, con un rápido movimiento, arrojó al bebé, de seis meses al agua, a una muerte segura.

El misionero nativo, M.V. Varghese, muchas veces fue testigo de cómo las multitudes se reúnen en el Ganges. Fue él quien, ese día, vio a Alila arrodillada en la arena, llorando incontrolablemente y golpeando su pecho. Con compasión se arrodilló junto a ella y le preguntó qué le sucedía, qué estaba mal. A través de sus gemidos ella le dijo, “son demasiados los problemas en mi casa y mis pecados pesan en mi corazón, así que ofrezco lo mejor que tengo a la diosa Ganges, mi primer hijo”. El corazón del hermano Varghese se dolió por la desesperada mujer. Mientras ella lloraba suavemente, él, gentilmente, comenzó a contarle acerca del amor de Jesús y que a través de él sus pecados podían ser perdonados. Ella lo miró extrañada. “Nunca he escuchado eso antes,” contestó a través de sus lágrimas. “¿Por qué no llegaste treinta minutos antes? Si lo hubieras hecho, mi hijo no habría tenido que morir.”

Cada año millones de personas llegan a la Santa ciudad de Hardwater, en India, a bañarse en el río Ganges. Estas multitudes vienen creyendo que este ritual hindú lavará sus pecados. Para muchas personas, como Alila, los misioneros están llegando demasiado tarde; simplemente porque no hay suficiente de estos fieles hermanos y hermanas en el campo misionero.

Es probable que usted y yo nunca prediquemos o incluso le hablemos a las millones de personas que vienen a la Santa ciudad de Hardwater, a bañarse en el río Ganges. Es posible de que tú y yo nunca vayamos a predicar o incluso hablar con gente como ésta a otros países. Es posible que nunca luchemos con tal estado de extrema desesperación, pero ¿cuántos de nosotros vivimos, trabajamos e interactuamos diariamente con personas que se sienten tan perdidas y desesperadas como estas, quienes son muy amadas y perdonadas por Dios, y aún no tienen a nadie que se los diga?

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.” – Mateo 25:35-36

Para servirle,

-Josh

 

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