Una lección desde el cementerio.

Publicado: mayo 15, 2012 en Palabra De Animo
El no testificar a los perdidos es como decirle a una persona que está enferma con apendicitis que simplemente se relaje, que tenga pensamientos positivos, que escuche música agradable y todo estará bien. ¡No, no será así! Ella necesita ver a un médico, entender que va a morir, a menos que lo operen y quiten ese apéndice. Esto es algo serio: de vida y muerte!

La palabra de Dios que tiene el poder sobrenatural de tocar nuestros corazones y nos lleva a nuestras rodillas. Nos ofende porque nos muestra nuestras faltas y problemas y me hace comprender: “Estoy enfermo y necesito ayuda!”
¿Crees que el hombre rico (Lucas 16) hubiera sido feliz de escuchar lo que dice la escritura acerca de su estilo de vida mientras vivía? Él probablemente no se habría enojado, ofendido, pero le hubiera tocado su conciencia. Ese es el poder de la palabra de Dios: tocar nuestro corazón.

Y cuando no lo anunciamos. O cuando lo diluimos. O cuando damos excusas por ciertos pecados – que eran simplemente culturales: negamos el poder de Dios para cambiar vidas. Las personas no se sienten condenadas, no se arrepienten y se pierden!
Quiero alentarte a leer y usar la escritura con aquellos que se pierden.
Romanos 1:16 “porque no me avergüenzo del Evangelio, que es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primero y también al griego. Es poder de Dios para la salvación”.
Desafío: da algunas ideas prácticas sobre cómo compartir las escrituras con aquellos que se pierden

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