¿A qué te estás aferrando?

Publicado: octubre 30, 2012 en Palabra De Animo
Había una vez un rey que vivía en una gran montaña. Todos sus leales súbditos vivían en el valle de abajo. El único acceso al palacio en la cima de la montaña era un camino empinado traicionero que rodeaba la parte exterior de la montaña. El rey amaba a sus súbditos y ellos también lo amaban, así que él los visitaba diariamente.

El viaje era muy peligroso por la montaña y el rey tenía un hombre de confianza para conducir su carruaje.
Un día, el conductor murió y un anuncio salió por todo el reino: que el rey necesitaba un nuevo conductor para su carroza.

Habría un concurso para probar al hombre más digno. Llegó el día y tres hombres vinieron a mostrar su valía como piloto de confianza del rey.

El primer hombre saltó al carro y empezó a bajar la montaña muy rápido. Tomó las curvas rápida y hábilmente, algunas veces con un pie al borde de los acantilados, pero llegando al final en muy buen tiempo.

Al llegar al pie de la montaña el pueblo vitoreó salvajemente y le dijo: “Este es el hombre! Este es el hombre!”

El siguiente conductor hizo restallar el látigo y salió a toda velocidad por la montaña incluso más rápido que el primero.

El carro parecía volar, ya que corrió montaña abajo a duras penas evitando el desastre, pero haciéndolo de forma segura llegó a la parte inferior de la montaña en un tiempo récord.

La multitud gritó más fuerte aún, diciendo: “Este es el hombre! Este es el hombre!

El tercer piloto saltó en el carro y con una mano firme, inicio el camino tortuoso. La multitud esperaba un viaje aún más rápido, más impresionante.

Sin embargo, este conductor se quedó cerca de la montaña, lejos de los acantilados, tomando cada recodo del camino con cuidado y con confianza.

Al llegar al pie de la montaña, la multitud estaba decepcionada y en silencio.

Pero el rey dijo: “Este es el hombre! Este es el hombre!” La gente se sorprendió por la elección del rey, pero el rey sabía que era mejor tener como piloto a alguien que decide quedarse cerca de la montaña y seguro, en lugar de arriesgar su vida, y la de su rey y su familia.

A veces somos como los dos primeros pilotos.
Nos acercamos tanto, como sea posible, al “borde” de este mundo, sin darnos cuenta de que estamos poniéndonos nosotros mismos y, a los demás, en gran riesgo.

Los dos primeros hombres en esta historia, condujeron el carro tan rápido como pudieron, lo llevaron tan cerca de la orilla que, mientras lo hacían, comprometían su propia vida, todo para acabar siendo el conductor para el rey.

En nuestro mundo, comprometemos nuestras vidas de una manera similar.

Lo más probable es que no bajas estrechas cuestas de una montaña, pero tal vez te pones en peligro de otras maneras. Nuestro mundo nos dice que la única manera de sentirse felices, exitosos y satisfechos en la vida es siendo popular, tener fama y fortuna. Que teniendo un buen coche y la ropa adecuada es lo más importante.

Nuestro mundo nos dice que la única manera de ser feliz es viviendo en el borde y ver hasta dónde podemos llegar.

Sea lo que sea, la popularidad, la fama, el sexo, el éxito, la riqueza, ropas bonitas, etc … Tenemos que entender que estas cosas sólo proporcionan

La Palabra de Animo / el 29 de Octubre

¿A qué te estás aferrando?

Había una vez un rey que vivía en una gran montaña. Todos sus leales súbditos vivían en el valle de abajo. El único acceso al palacio en la cima de la montaña era un camino empinado traicionero que rodeaba la parte exterior de la montaña. El rey amaba a sus súbditos y ellos también lo amaban, así que él los visitaba diariamente.

El viaje era muy peligroso por la montaña y el rey tenía un hombre de confianza para conducir su carruaje.
Un día, el conductor murió y un anuncio salió por todo el reino: que el rey necesitaba un nuevo conductor para su carroza.

Habría un concurso para probar al hombre más digno. Llegó el día y tres hombres vinieron a mostrar su valía como piloto de confianza del rey.

El primer hombre saltó al carro y empezó a bajar la montaña muy rápido. Tomó  las curvas  rápida y hábilmente,  algunas  veces  con un pie al borde de los acantilados, pero llegando al final en muy buen tiempo.

Al llegar al pie de la montaña el pueblo vitoreó salvajemente y le dijo: "Este es el hombre! Este es el hombre!"

El siguiente conductor hizo restallar el látigo y salió a toda velocidad por la montaña incluso más rápido que el primero.

El carro parecía volar, ya que corrió montaña abajo a duras penas evitando el desastre, pero haciéndolo de forma segura llegó a la parte inferior de la montaña en un tiempo récord.

La multitud gritó más fuerte aún, diciendo: "Este es el hombre! Este es el hombre!

El tercer piloto saltó en el carro y con una mano firme, inicio el camino tortuoso. La multitud esperaba un viaje aún más rápido, más impresionante.

Sin embargo, este conductor se quedó cerca de la montaña, lejos de los acantilados, tomando cada recodo del camino con cuidado y con confianza.

Al llegar al pie de la montaña, la multitud estaba decepcionada y en silencio.

Pero el rey dijo: "Este es el hombre! Este es el hombre!"  La gente se sorprendió por la elección del rey, pero el rey sabía que era mejor tener  como piloto a alguien que decide quedarse cerca de la montaña y  seguro, en lugar de arriesgar su vida, y  la de su rey y su familia.

A veces somos como los dos primeros pilotos.
Nos acercamos tanto, como sea posible,  al "borde" de este mundo, sin darnos cuenta de que estamos poniéndonos  nosotros mismos y, a los demás,  en gran riesgo.

Los dos primeros hombres en esta historia, condujeron el carro tan rápido como pudieron, lo llevaron tan cerca de la orilla  que,  mientras lo hacían,  comprometían su propia vida, todo para acabar siendo el conductor para el rey.

En nuestro mundo, comprometemos nuestras vidas de una manera similar.

Lo más probable es  que no bajas   estrechas cuestas de una montaña, pero tal vez te pones en peligro de otras maneras. Nuestro mundo nos dice que la única manera de sentirse felices, exitosos y satisfechos en la vida es siendo popular, tener fama y fortuna. Que teniendo un buen coche y la ropa adecuada es lo más importante.

Nuestro mundo nos dice que la única manera de ser feliz es viviendo en el borde y ver hasta dónde podemos llegar.

Sea lo que sea, la popularidad, la fama, el sexo, el éxito, la riqueza, ropas bonitas, etc ...   Tenemos que entender que estas cosas sólo proporcionan

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